Muere el boxeador Huracán Carter, el púgil condenado siendo Inocente

21.04.2014 08:01

 

Cumplió 19 años en prisión por un triple asesinato que no cometió y su historia se hizo famosa por una canción de Bob Dylan 

@Javier Sanchez

 

Nacido en 1937 en Paterson, New Jersey, más que una infancia fue un camino de piedras por lo que tuvo que pasar Rubin “Huracán” Carter.

Escribió Bod Dylan, "Ésta es la historia de Huracán. El hombre que las autoridades corrieron a culpar. De algo que nunca hizo. Está encarcelado, aunque un día pudo haber sido el Campeon del Mundo, el cine también se acordó de el, llevando a la gran pantalla un film que lleva su nombre “Huracan Carter”

Ruban Carter nació en 1937 en Clifton, Nueva Jersey, donde aprendió, según decía, "a hacer daño" en un entorno familiar violento y donde vivió su primera condena: A los 12 años respondió a un pedófilo que le acosaba con un navajazo y acabó en el reformatorio. "Hasta la mayoría de edad", dictaba la sentencia. Se fugó antes.

Con sólo 17 años se alistó en el ejército de Estados Unidos que lo envió a formarse como paracaidista a la Alemania Occidental y entonces tomó conciencia. De todo. De la necesidad de saber leer y escribir y trabajar en su tartamudeo. Del racismo que había vivido en su país, interesándose por el Islam. Y, claro, de su relación con el boxeo y la mejoría en su vida que ésta le podía suponer.

Tras lograr el título militar de Europa del peso wélter, volvió a casa imaginando un salto al profesionalismo que al final fue, aunque, eso sí, con cuatro años de retraso. A su regreso le esperaba, ya en la cárcel, la condena eludida y no fue hasta septiembre de 1961

Cuando debutó sobre un ring. Lo hizo con varias victorias por KO en los primeros asaltos, boxeador nervioso, de puños ágiles, y así se ganó el apodo: Huracán.

Considerado uno de los púgiles más prometedores, en diciembre de 1964 tuvo su gran oportunidad: en Philadelphia, contra el también stadounidense Joey Giardello, optó al título mundial del peso medio. Perdió. "Una de las injusticias más grandes vividas", resumiría un diario al día siguiente. Carter, negro, había avasallado a Giardello, blanco, pero la decisión de los jueces, considerada una torpe discriminación, fue en sentido contrario.

Más grave sería lo que le ocurriría dos años después. El 17 de junio de 1966, dos hombres negros entraron de madrugada en el Lafayette Bar and Grill de Paterson, Nueva Jersey, la emprendieron a tiros matando a un camarero y dos clientes y se fugaron en un coche blanco. Carter, minutos después, tuvo la mala suerte de pasar por allí con dos acompañantes, uno de ellos tambien boxeador, John Artis, y en ese instante viró su destino.

El detective, Vincent DeSimone (Della Pesca en el biopic que en 1999 protagonizó Denzel Washington), sin más sospechosos que él, quiso inculparle de aquel triple crimen y se salió con la suya. En 1967, un jurado popular compuesto sólo por blancos lo condenó (a él y a Artis) a cumplir, por tres veces si pudiera, cadena perpetua.

Obviaron que la primera vez que fue detenido aquella noche en su coche eran tres pasajeros, no dos. Obviaron que varios heridos por el tiroteo, así comolos vecinos, no lo reconocieron. Obviaron que Carter fue identificado por clientes del bar en el que bebía en el momento de los hechos. Obviaron que cumplió con el polígrafo. Y obviaron, por último, que los testigos que acabaron sentenciándolo, dos ladrones locales, Alfred Bello y Arthur Dexter Bradley, eran más que dudosos.

Lo obviaron todo como la sociedad, de hecho, obvió su historia hasta que, en 1974, el pugil logró publicar su biografía escrita entre rejas, 'El decimosexto asalto', y ésta llegó a las manos de algunos famosos. Entre otros, respondió Dylan. Tras visitarlo en prisión, el cantautor compuso la canción que lo hizo popular y colocó su caso en las noticias.

La melodía le valió un segundo juicio entonces, en 1976, pero no la libertad, que llegaría ya en 1985, tras casi 19 años privado de ella y gracias al trabajo de un joven abogado, Lesra Martin, criado en Toronto, Canadá. Allí precisamente fue donde Carter pasó sus últimos días afectado por un cáncer de próstata y luchando por liberar a algunos presos que consideraba, como él, inocentes.