La gran noche de Cassius Clay

19.01.2014 00:00

Por Carlos Irusta

ESPN.com    (Archivo)

El 25 de febrero de 1964, le ganó el campeonato mundial pesado a Sonny Liston

 En 1964, cuando se preparaba para pelear por el campeonato mundial de todos los pesos con el campeón, Sonny Liston, Clay tenía 19 peleas, todas ganadas, 16 antes del límite. Había sido campeón olímpico en los Juegos de Roma (1960) pero en la categoría medio pesado. Medía 1,93m, lo que lo convertía en unos diez centímetros más alto que el habitual promedio de 1,84, que era, por otra parte, la estatura de Sonny Liston. Había vencido, entre otros, al ex campeón mundial Archie Moore, quien para esa época, ya era casi un anciano para el boxeo. Y también había noqueado a Alejandro Lavorante, un elegante boxeador mendocino quien a manos de Clay sufrió una caída por nocaut en 1962. Luego, Lavorante sufrió una nueva paliza --la tercera consecutiva-- y nunca más se recuperó, pues quedó en estado vegetativo durante dos años, hasta su muerte, en 1964: tenía 27 años. Clay también le había ganado a otro argentino (Alexis Miteff, 1961) y venía de andar por el suelo frente al inglés Henry Cooper, en Londres, aunque luego lo había puesto nocaut.

Sonny Liston, por su parte, en 32 victorias había despachado por nocaut a 21 rivales y tenía una sola derrota. Ni él mismo supo nunca la fecha de su nacimiento, aunque eso sí, sabía que había sido en Saint Louis. Se calculaba que estaba en los 34 años. Había aprendido a boxear en la cárcel y era considerado algo así como una máquina de golpear. Era tan favorito para la victoria (7-1 en las apuestas) que solamente concurrieron 8.297 personas al Convention Center.

Liston era parte de una época que empezaba a desfallecer. Pocas palabras, antecedentes penales --de hecho, aprendió a boxear en la cárcel, de la mano de un cura--, semi analfabeto, tremendo tomador de whisky y de muy pocos amigos. Era respetado porque parecía un asesino profesional. Tenía solidas conexiones con la mafia, ya que su manager, conocido por "Mr. Grey" era el mismísimo Blinky Palermo, un reconocido capo de la época. De hecho, además de haber manejado a Ike Williams, el campeón mundial de los ligeros, fue el responsable de haber arreglado la derrota de Jake LaMotta con Billy Fox en 1947.

Ed Sullivan llevó a su show de televisión a Liston para que saltara la soga al ritmo de su tema favorito, "The night Train". Entre sus logros, estaba el haber pulverizado dos veces, en menos de 3 minutos cada vez, a Floyd Patterson. Es más, Floyd no quería pelear con él, pero un día se entrevistó con JFK y el presidente le preguntó cuándo le daría la oportunidad a Liston y Floyd no tuvo más remedio que decirle que pronto. "Si no hubiera sido por Kennedy, Patterson jamás me hubiera dado la oportunidad", comentó luego Sonny.

Clay no fue promocionado por la televisión: él se adelantó y utilizó a la televisión para promocionarse con su propio discurso. Cuando se firmó su pelea con Liston no solamente lo bautizó "Oso Feo", sino que lo fue a despertar varias veces a su casa. Iba en un ómnibus y, con un altoparlante, lo desafiaba a altas horas de la noche. Una vez, en Las Vegas, Liston estaba jugando a los dados y Clay le hizo burla. Liston lo miró, amenazante y sacando un revolver le dijo que se fuera de una buena vez (el revolver era de juguete). Clay, por cierto, le hizo caso y salió corriendo.

De hecho, el día de la revisión médica, Clay estuvo tan alterado que pensaron que tenía un ataque de miedo o pánico, aunque luego él se encargó de afirmar que todo había sido un truco. Pocos le creyeron. Si fue un truco, fue muy convincente, porque nunca se lo había visto a Clay tan excitado y fuera de sí, como si de pronto, hubiese sentido un miedo pánico por lo que se le venía, y terminó siendo un gran enigma, porque a pesar de todo, él siempre dijo que todo había sido apenas una farsa...

Aquella velada del 25 de febrero de 1964 en el Convention Center de Miami, empezó temprano para Cassius. En una pelea preliminar combatió su hermano, Rudy, frente a un mediocre peso pesado, Chip Johnson. Ganó Rudy, pero era tan visible su falta de talento, que el propio Cassius le dijo, cuando se encontraron en el vestuario: "Esta fue tu última pelea, no quiero que subas más".

Mientras Liston cobró 1 millón 300 mil dólares, Clay embolsó 630 mil. La aparición en el ring side de Malcom X, líder musulmán, confirmó el rumor creciente de que Clay estaba muy cercano a cambiar de religión. En su vestuario el retador estaba preocupado, porque le habían insinuado, varias veces, de que la Mafia que rodeaba a Liston le iba a envenenar el agua, con lo que obligó a su equipo a llenar bidones, sellarlos y custodiarlos. Junto a él, además de Angelo Dundee, estaba el doctor Ferdie Pacheco --un médico cubano que sería su sombra protectora en casi toda su campaña--, el masajista cubano Luis Sarria, su hermano Rudy y, por supuesto, Bundini Brown, el inventor de aquello de "Vuela como una m mariposa y pica como una abeja". Cuando finalmente lo calmaron, se acercaba el momento de subir al ring, así que hubo que ubicar dónde podía estar el Este, y acompañado de Malcom X, Clay se hincó a rezarle a Alá&

Los expertos esperaban que Liston le cerrara la boca a Clay, pero este bailó toda la noche. Para los periodistas más veteranos, de la antigua escuela, Clay era solamente un bocón que hablaba mucho y disparaba demasiado. Para los redactores más jóvenes, era un imán irresistible, porque aportaba frescura, descaro y era buen amigo de los periodistas, ya que siempre ofrecía un gesto nuevo. Antes de la pelea, posó con Los Beatles --quienes fueron a visitarlo al gimnasio de la Avenida Quinta en Miami-- y fue bautizado, no sin razón, "El Quinto Beatle".

Liston, que no se había entrenado demasiado, comenzó a cansarse. Fallaba con sus golpes pronunciados, ante un rival que no le ofrecía blanco fijo. Es más: a veces, Clay se quedaba parado y solamente rotando su cintura esquivaba los mazazos del campeón, cuya confianza empezó a deteriorarse. Liston sabía, y muy bien, que tenía aire para pocos asaltos y, como noqueador que era, cuando empezó a tener problemas para conectar sus golpes, sus defensas anímicas se cayeron. Era el dramático contraste entre un boxeo cavernario, lento, de gran fortaleza y sin grandes aptitudes, ante un estilo nuevo, en puntas de pie y manos muy veloces.

Cuando terminó la tercera vuelta, Liston les pidió a sus técnicos que le untaran los guantes lo que era una especie de "remedio casero", como ellos lo llamaban. Nunca se supo bien en qué consistía, pero el objetivo era enceguecer a los rivales. Se dice que había usado ese truco en dos peleas anteriores, frente a Eddie Machen y Cleveland Williams. Lo cierto es que así salió Liston a la cuarta vuelta. Clay bailoteó durante más de dos minutos, pero cuando Sonny logró conectarlo, empezó a sentir que sus ojos ardían. Fue tan grande el dolor que, cuando llegó a su esquina, rogó que le sacaran los guantes. "¡No veo nada, no veo nada!", gritó, impotente. Dundee apeló a toda su experiencia. De hecho, hasta se untó el mismo un poco de la sustancia en su ojo, para saber cuánto de verdad había en lo que decía Clay (y era cierto, porque sintió tremendos ardores). Pero no perdió la calma. Tras limpiarlo con agua todo lo que pudo, Dundee le dio el único consejo posible: "Bailá, que no te toque, bailá hasta que te mejores". Si es cierto, mírenlo en youtube, Ali bailo, danzó, y Liston se dio cuenta que ya no podía ganar.

Decidió abandonar cuando volvió a su rincón, antes de que sonara la campana llamando al séptimo round. Tenía el rostro desfigurado por los golpes. Se comentó luego que, cuando llegó a los vestuarios, le dieron un tremendo golpe en el hombro con la puerta metálica de un armario para justificar el abandono. Según el resultado oficial, Liston se retiró por una lesión en el hombro izquierdo.

"¡Cómanse sus palabras!", les gritó Clay a los periodistas, en medio de una frenética danza, tras consagrarse campeón mundial. Había estremecido al mundo del boxeo. Lo mejor estaba por venir. Unos días más tarde, reconoció que era musulmán, que dejaba su apellido de esclavo y que comenzaba a llamarse llamaba Muhammad Ali.

La leyenda había comenzado.